Anteriormente la música popular era considerada un género de borrachos, un ritmo que solo gustaba a personas que frecuentaban cantinas, algo que no era bien visto por una sociedad que encontraba lo élite y el buen gusto en la salsa, la electrónica y el reggaetón.

El Charrito Negro, Darío Gómez y Luis Alberto Posada son algunos de los exponentes que comenzaron esta ola de música de despecho en Colombia, sus líricas iban cargadas de resentimiento y tristeza causada por un desamor, algo que llamo la atención por parte de personas que se sentían que en algún momento vivían las historias cantadas por estos intérpretes.

En la década de los ochenta y noventa, este género era aclamado por personas mayores, los sencillos no trascendían de manera internacional, y muchos de ellos eran patrocinados por narcos que encontraban gusto en sus letras que incitaban a consumir licor desaforadamente. La música popular es un sub género de la música guasca y de otros ritmos mexicanos que se impusieron con fuerza en 1940, y que muchos adoptaron como un ritmo popular, del pueblo, que fue creado por campesinos.

La fuerte ola de la música urbana, no solo opaco ciertos géneros en América Latina, sino que también dio paso a una evolución de ritmos que se combinaban unos con otros, y que trajo consigo la unión de culturas y países; cabe destacar, que si algo compartían estos dos géneros era la ostentosidad de sus intérpretes y sobre todo de quienes la escuchaban. Por un lado, el reggaetón mostraba carros lujosos, mujeres voluptuosas, joyas exuberantes y el lado de la música popular un estereotipo narco donde las fincas, los autos y las mujeres con notables cirugías, eran las protagonistas de sus vídeos musicales.

A finales de la década de los noventa, parecen nuevos intérpretes como Jhonny Rivera de Pereira, Giovanny Ayala de Villavicencio y Pipe Bueno de Cali, quienes llegan con nuevos ritmos y letras más juveniles, que ponen a vibrar y a cantar a todo tipo de persona, sus líricas van encaminadas a situaciones amorosas que viven personas de todas las edades.

Nuevos talentos llegan con el tiempo, y con ellos una nueva moda y estilo de música popular, las excentricidades continúan pero sus atuendos cambian, Jhon Alex Castaño es uno de los primeros en imponer un nuevo estereotipo con su apariencia, deja el sombrero y las botas estilo tejanas de lado, y los trajes de etiqueta combinados con tatuajes y un peinado más juvenil hacen parte de su adn como cantante; Jessi Uribe y Alan Ramírez dos jóvenes promesas de este boom musical, llegan junto a Pipe Bueno como los nuevos galanes de este género, como los nuevos inspiradores para que hombres y mujeres de todo el país quieran emprender este camino de ser artistas de un concepto musical que en sus inicios fue criticado por muchos.

Pero su evolución no habla solo de atuendos, ritmos y vídeos musicales, sino también del papel de la mujer, que llega a imponerse de la mano de Arelis Henao y Paola Jara, quienes con su sensualidad y mucho estilo logran acaparar público no solo en Colombia, sino en Latinoamérica.

Otra mujer que quiso incursionar junto a los grandes de la música popular fue Marbelle y lo hizo recientemente junto a Pipe Bueno; en esta ocasión, ellos unen sus voces por primera vez  y lo hacen con el sencillo “Pa todo el año”, una canción de despecho popularizada por el artista mexicano José Alfredo Jiménez.

Este paso no solo deja el machismo que impregnaba este género, ahora no solo son los hombres quienes son engañados en las canciones, sino también las mujeres, que en son de protesta dicen en muchas canciones: “Que sufra, que chupe y que llore, no se juega con dos amores”.

Dejar una respuesta

Escribe tu comentario
Ingresa tu nombre