¿Se rajó? ¿De 1 a 5 en materia de moda, cuánto sacó la esposa de Iván Duque? Si es petrista, por favor no lea el siguiente artículo.

 

Foto: Instagram de María Juliana Ruiz

María Juliana Ruiz, la esposa del presidente colombiano Iván Duque, no es Nohra Puyana o Tutina de Santos, las dos primeras damas más fashionistas en toda la historia del país. No obstante, debió asumir los códigos de la moda como figura pública, de un momento a otro y sin estar preparada para hacerlo por cuenta del aval que le dio Uribe a su esposo y que la llevó a empujones hasta el runrún de las páginas sociales; y de paso a los corrillos de la moda nacional. En la primera gran prueba de fuego, durante el encuentro con Donald Trump en Washington, no le fue bien. Mejor dicho, le fue requetamal, pese a la osadía para posar junto a Melania Trump, la sexy versión de Jackie O y de Michelle Obama, quien sin ánimo de insultos opacó a la siempre sobria y tradicionalista María Juliana.

En ese momento, la mujer del jefe de estado nacional pecó de provincianismo, un mal que nos carcome a todos colombianos. Se descachó, como dirían las señoras bogotanas. La apuesta de moda durante el debut en Estados Unidos fue Too much, en palabras concordantes con el argot de las periodistas que saben de estilo y tendencias como Nina García, quien lo usa a diario desde las páginas de las revista ‘Elle’. Este desacierto, que transitó sin misericordia por las autopistas de las redes sociales, sirvió para entender que la señora de Duque no tiene un feeling real con la moda, que al parecer lo hace por la presión de los convecionalismos de su país, que ante la falta de una monarquía como las europeas convirtió a las esposas de los mandatarios en una suerte de princesas o reinas sin corona. En el imaginario nacional, ellas representan la versión criolla de Lady Di o de Letizia Ortiz, apenas para la estructura mental de una nación arribista, o aspiracional en términos menos severos, que se cree chic y cosmopolita por revalorar todo lo que llega con el sello Made in Usa o a los personajes que salen en las portadas de la revista ‘Hola’. En este orden de ideas, Tutina fue nuestra Isabel Preysler. Por su parte, Nohra y sus niños encarnaron el ideal de la familia funcional y pluscuamperfecta que exudaba el aroma de Chanel 5, incluso desde las páginas sociales del magazín ‘Jet-set’.

Entonces, ¿qué representa María Juliana Ruiz de Duque? En apariencia nada, pero no le haríamos justicia al verdadero valor de su mensaje ‘antimoda’ que en apariencia la haría más cercana a los estereotipos de una mujer de izquierda y con preocupaciones profundamente intelectuales. Según Paola Ospina, la experta consultada por Entre Estrellas, pocas veces una primera dama había tenido el ADN de las colombianas de a pie, que se focaliza en su función de proveedora y educadora, que compra sixpack de leche achocolatada de D1 y que entiende el feminismo como un trabajo coequipero con los hombres. Muchas de nuestras jefas de hogar asumen la forma de vestir como un valor secundario, muy por debajo de la importancia que tiene la familia, quizá como las del Cuartel de las Feas que dibujó Fernando Gaitán en su célebre telenovela. “A María Juliana le es irrevelante ser juzgada por su atuendo. Tiene mucha valentía al ser ella misma en cualquier escenario y sin perder su propia identidad”, explicó Ospina, creadora de la marca PAOSPINA, de ropa hecha a la medida. “Veo en ella a una mujer que nos invita a rescatar nuestra propia esencia. Su mensaje nos motiva a huir de la domesticación, de las trampas, de los cercos que intentan acabar con nuestra libertad”, subrayó nuestra entrevistada.

Podría decirse que la actual primera dama sigue la línea del estilo de Lina Moreno de Uribe, que la de María Clemencia Rodríguez de Santos, es decir que algunas veces le hace guiños a las tendencias de la moda sin ser su fiel seguidora.
Sin miedo a equivocarnos esto quedó demostrado cuando lució en el país del Tío Sam el vestido firmado por la casa Leal Daccaret, que aunque se asemejó a una manualidad escolar, fue redimido por los conocedores del tema, en virtud de que bebió de las fuentes de Balenciaga gracias a su estructura geométrica y sólida. Pese a la polémica de ese entonces, María Juliana tuvo un acierto con este traje de forma contundente, que muchos cibernautas consideraron como una metáfora de su intelecto y capacidad gerencial. La esposa de Duque fue fiel a su estilo sobrio y depurado. Parecía una duquesa, aunque el infierno de Twitter no lo haya entendido. Aquel sastre se convirtió en el referente de la discordia política que arropaba a las almas mal vestidas de los colombianos. “Para ella es más importante el cerebro que el envoltorio”, puntualizó Paola Ospina. Según ella, María Juliana no se rajó en materia de moda, y menos ahora que va a la fija con los diseños de la barranquillera Clarisa Rosania.

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