A través de la experiencia de un paciente que sufre de angustia tratamos de entender y explicar este mal que aqueja al artista antioqueño.

 

“La ansiedad es algo qué hay que tomar en serio. No es de locos. Creo que es más loco no creer en eso”, escribió el cantante colombiano J Balvin a través de las redes sociales. El valiente post de Instagram, que cuestión de minutos tuvo medio millón de likes, subrayaba lo que ya se sabía: que las emociones del artista suben y bajan como los acordes de una canción. Un día está arriba, y entonces muestra la cara que vemos en los videos musicales, ríe, habla hasta por lo codos, se viste de color, posa con su novia, enseña el pelo con la bandera del arco iris y permite fotos dentro de su flamante avión privado. Y en otros momentos prefiere esconder la cabeza a la manera del avestruz, cierra las ventanas de la casa y como si fuera poco la puerta de la habitación para no sentir el ruido de la calle, ni los gritos de su propia voz interior. Tratar de entenderse y escucharse en momento de angustia es perder la batalla contra uno mismo. No hay claridad. Se lucha contra un enemigo atormetando que entró a casa por el patio de la ropa y se quedó para intidarte en caso de que sea denunciado. No deja concentrarte, te invita a gritar en medio de la nada y a pelear con uno mismo, porque en el fondo del asunto sabes que te estás haciendo daño. La angustia te impide conciliar el sueño y te roba la energía necesaria para trabajar y emprender proyectos desde la primera hora del día. Esa imagen difusa y oscura que se apodera de la cabeza impide el paso de la respiración. Los miedos, las preocupaciones intensas y persistentes provocan la crisis que se manifiesta de manera física con dolores de pecho, jaquecas, náuseas, palpitaciones y problemas musculares. El miedo te paraliza y sientes que pierdes el control de tu vida diaria, hasta que por fin, y después de tanto tormento, decides buscar la ayuda médica. En otros casos, los pacientes se refugian en una vida espiritual o religiosa y se reconectan con la naturaleza, tal como lo hicieron otros famosos de la importancia de Madonna, George Harrison, Sidnéad O’Connor y Cat Stevens.

La angustia de J Balvin pareciera el resultado de la fama, de las luces de los reflectores que se inyectaron en la mirada y de un momento de obnubilación en los que los seres humanos no podemos cargar con nosotros mismos. Por fortuna, las alarmas se encendieron. Y es que el trastorno de la angustia es un mecanismo del alma que reclama atención y comprensión frente a un aspecto de la vida que no está resuelto. Casi siempre se relaciona con los problemas enquistados desde la niñez, inseguridades, miedo al fracaso, la soledad y subvaloración desproporcionada. Los angustiados viven en un continuo desgobierno, debido al exceso de preocupaciones que terminan por generar anarquía en el espíritu. Quizá J Balvin tenga pánico intenso debido a una descomposación química del cuerpo o a alguna enfermedad biológica. No lo sabemos. Es probable que el cantante se encuentre en un mutismo selectivo, pero no parece debido a que siguió con los compromisos como entrevistas y conciertos. A lo mejor siente fobia social. Tanta gente a su alrededor es un monstruos de miles de cabezas que terminaron por hacer mella en su tranquilidad. Buena salud para el artista.

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